Max está solo. En muchos sentidos, Max no tiene a nadie. Su padre no está, su madre está demasiado ocupada y su hermana es tan mayor que no le ve. Max es un niño solitario. Max es… Max.
No cuesta imaginarse al niño solitario que tiene dentro Spike Jonze, el director deWhere the Wild Things Are. Un niño que todos nos comemos en algún momento, y que él, a través del mágicamente simple cuento de Maurice Sendak, ha vomitado para nosotros. Perdón por la metáfora, pero creo que va a juego con el estilo del filme: honesto y crudo.
Lo bueno es que Jonze sabe que no nos está contando una tragedia. Crecer duele, pero no mata. Por eso llena la pantalla de colores grises y tierra, y de un sol que da luz, y a la vez quema. Quema, pero peor sería que se apagase.
El tono de la película es perfecto: no cae en sentimentalismos ni condescendencias, incluso diría que algunas escenas no están al alcance comprensivo de los niños, cuando se supone que estamos ante un producto familiar. Digo que se supone porque realmente Jonze nos ofrece una visión adulta de la infancia, cuenta un relato infantil para el disfrute de los que una vez fuimos niños. Y somos capaces de recordar que lo fuimos.
La historia del niño que recurre al escapismo de la imaginación no es nueva, y quizá ése sea el mayor fallo de Where the Wild Things Are, el de no ofrecer nada nuevo, y conformarse con una actitud contemplativa. De hecho son el primer y el segundo tercio los que pecan de ello, respectivamente. Pero Spike Jonze revive (y reconstruye ante Max) todos los momentos de la primera media hora en el mundo de los monstruos, y es gracias a esto y las conclusiones de un muy buen tercer acto, que queda un poso. La mirada entre Max y su madre es un final que permanece en la memoria.
La mirada de Catherine Keener y las voces de James Gandolfini (The Sopranos) y Lauren Ambrose (Six Feet Under) son algunos de los detalles a destacar del interesante reparto, apoyado en el efectivo sistema de combinación de disfraces y efectos digitales. Pero hay que agradecer sobre todo a Max Records, el niño con nombre de discográfica, que lleva y muy bien llevado todo el peso de la película.
Y Where the Wild Things Are no sería ni parecida sin la música de Karen O. Los juegos de Max, sus enfados, aventuras, su visión del mundo, no existe sin la banda sonora, que uno sale del cine con ganas de escuchar y disfrutar de manera independiente.
Disfrutar, es lo que uno hace con esta película, y a diferentes niveles, como sólo pueden hacer los grandes. Pero también sufrir. Porque Max nosotros no somos reyes. Somos nosotros mismos, y estamos solos. Y allá por donde pisamos, seguiremos siendo los mismos, y seguiremos estando solos. Siempre seremos pequeños niños solos, y asustados de que el sol se muera.
Qué maravilla de comentario; no sólo las frases, el idioma es bellísimo.
Ojalá pudiera encontrar algo que refutar dentro de tu texto pero tengo una suerte tan mala
Con esto no puedo dejar de pensar que sea una putada lo de que en mi país el filme viene hasta dentro de un mes.
Bueno, la espera valdrá la pena :) Espero que en tu país, por cierto, la estrenen en algún sitio en versión original. Y cuando la hayas visto ven a refutarme cosas!
Yo comparto (casi)todo lo que dices con ese léxico tan rico y esa soltura a la hora de escribir. Desde ayer me resistía a leer tu crítica ya que no quería contaminarme de opiniones ajenas antes de ver la peli por lo que hasta que no la he visto y he expresado en mi propio blog mi opinión no he venido aquí. Me sorprende por tanto que coincidamos en todo a grandes rasgos salvo en lo de que la peli es para adultos que recuerdan su infancia, ahí creo que la historia está más indicada precisamente a recordarlo como toque de atención que a servir de ejercicio nostálgico… al menos yo lo veo así…
por cierto, sabrías decirme el titulo de la canción de los créditos??? de todas las de la peli es la que más me gusto!! xD
Sí, sí, sí. Esto me parece muy perfecto, y muy acertado todo. Aunque yo diría muchas más cosas, ya lo sabes ;) Solo apuntar que no estoy de acuerdo en lo de la actitud contemplativa de la mayor parte de la película. Es cierto que hay contemplación, pero no hay prácticamente escenas en las que haya solo eso (tú me entiendes). Siempre había algo más. Y bueno, ya sé que ahora que la has visto una segunda vez, también piensas que hay menos escenas “vacías” de las que viste al principio. Pero quería decirlo, por comentar algo <3.
El final de esta película ha entrado directamente a mi top (inserta un número bajo) de finales de cine.
No te voy a decir nada que no hayáis dicho vosotros ya. Y no me incluyo porque ya sabes que yo me callo bastante en los momentos y días posteriores a ver una película.
Me parece una película perfecta para que los niños de hoy en día recuerden con muchísimo cariño dentro de 20 años y empiecen a ver cosas que no vieron en su infancia o su adolescencia, o que solo intuyeron y quizás quedaron traumatizados por ellas. Es el regustillo de las películas infantiles/juveniles de los años 80 que tanto se ha perdido en ese tipo de cine actual.
Lo repito, un 9 pero con posibilidades de crecer.