Elegy, oda a la intimidad

2 06 2008

Adoro a Isabel Coixet. Me enamoré de Mi vida sin mí y La vida secreta de las palabras muchos meses antes de verlas. En la segunda, quizá gracias a Antony, cuya preciosa Hope there’s someone sonaba en el trailer. El caso es que cuando las conseguí ver, en DVD, desesperado, no me decepcionaron. De hecho, vi mi amor incrementado. Me hipnotizó la sensibilidad, los personajes, la música, la belleza, la historia…

Y gran parte de ello es lo mejor de Elegy, el primer encargo hollywoodiense de la directora catalana. No la historia, de acuerdo. Una premisa no demasiado interesante, que nos presenta a uno de esos viejos que se niegan a madurar, que se enamora de una alumna joven y atractiva. Si no fuera por quien la firma, dudo que la hubiera visto en mi vida.

Pero más allá de la trama, la Coixet nos ofrece varios regalos: escenas preciosas, en las que se muestra la intimidad de una pareja, hacen salir al voyeurista que llevamos dentro, al que disfruta con el amor de los demás, y con el sexo (más bien implícito, erotismo romántico). Vemos las caricias, los besos, los susurros y los roces. Los sentimos como si fueran nuestros. Casi poesía visual. Una de mis escenas preferidas, la de la playa, por su belleza visual. Se obvia el muy grato uso de la música por parte de la directora, que se une al trato que le da a la cámara.

Y no olvidemos que esta mujer consiguió conversaciones tan vivas e interesantes entre Sarah Polley y Tim Robbins en una estación petrolífera. En esta ocasión no llega a la altura, pero lo intenta, y destacan las escenas del dúo Kingsley-Hopper, los dos amigos viejales que se cuentan todo, como dos adolescentes locuelas, pero más inteligentes.

En cuanto a los actores, pues todos cumplen su papel. No hay ninguno de ellos que destace ni por exceso ni por defecto, pero se agradece que todos estén creíbles y consigan que empaticemos con sus personajes.

En total, es un proyecto tratado con menos interés y amor que las anteriores películas de Isabel Coixet, y eso se nota. Un encargo, que es algo que no se le da demasiado bien a los directores acostumbrados a su cine de autor. Ahora toca esperar con ganas a esa nueva película que están rodando la Pe y ella, en Tokio, Map of the sounds of Tokyo, que ya es suya absolutli, y eso es siempre una garantía de buen cine.

Lo mejor: que en realidad se nota que es una película de Coixet, y adoro su estilo.

Lo peor: que la historia me interesase tan poco.


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