3 días de pesadilla

4 05 2008

Recuerdo muchos sueños de cuando era pequeñito. Más bien recuerdo las pesadillas. Algunas de ellas parecen condenadas a quedarse en mi memoria, más vívidas que más de un momento real de mi niñez. Recuerdo, por ejemplo, aquel horrible sueño del fin del mundo. Viene muy a cuento. Debía de tener poquitos años, pues en el sueño reflejé un miedo bastante surrealista: yo estaba en la feria de Albacete, viendo uno de esos castillos de fuegos artificiales, y de repente, uno de los cohetes daba de lleno en la Luna, provocando que ésta perdiese su órbita, o algo así, y cayese poco a poco hacia la Tierra.

Quizá, esto no lo recuerdo tan bien, la Humanidad tuviese un par de días para despedirse antes de extinguirse. Seguramente no os haga falta la imaginación para saber lo mal que lo pasé aquella noche. Puede que hayáis tenido algún sueño parecido, o quizá hayáis visto ya 3 días, el debut en el largometraje de Javier Gutiérrez.

La película ha sido elegida como la mejor del Festival de Málaga este año, su guión, el mejor guión novel. Sin entrar en si es la mejor película del festival, pues creo que no he visto ninguna más, he de decir que sí me parece un orgullo del cine español. De esos tantos que está teniendo últimamente.

No es una gran obra maestra, es cierto. Decepcionará a unos cuantos, sobre todo a los que se esperan un científico intentando salvar el mundo o una familia haciendo lo imposible por llegar a la tierra prometida. No, en 3 días no hay esperanza alguna: llega un meteorito que triplica el tamaño del que acabó con los dinosaurios, matará a cada ser vivo (supongo que no a las cucarachas) que esté sobre la faz de la Tierra.

Y en este pueblo de Sevilla nadie tiene un pase para un cohete que se lleve a los elegidos lejos del planeta. Los personajes están resignados a morir, y esa resignación será la que los mueva la primera parte del film. Ella los llevará al caos, al exilio, o al suicidio.

En realidad sólo es el comienzo de una pesadilla, que no hará sino complicarse conforme pasen los minutos. En ella, hay una situación apocalíptica de fondo, pero el hilo principal es el terror, y la impotencia. Como en mis peores noches, cuando soñaba que quería escapar de algo, pero mis piernas eran como plomo, o no quería mirar, pero alguien me había cortado los párpados, y nunca era capaz de cerrar los ojos.

Y es la segunda parte, cuando aparece el meteorito personificado, el asesino, cuando este mal sueño atrapa a todo aquél que no se mueve. A mi parecer, una de las mejores escenas, en la que más impotente me he sentido, es en la que el protagonista hace los últimos esfuerzos por mantener a los niños alejados de esa amenaza desconocida y pasiva, que lo mira sonriente, mientras él no puede hacer nada sino gritar, sabiendo que, cuando llegue el momento, no podrá evitar caer en sus garras.

Como en cualquier otra pesadilla, el soñador es la víctima constante, y haga lo que haga, se encontrará con su fatídico destino. Y está esa sensación, la que tiene el espectador, de querer que acabe la pesadilla, el deseo de despertar, porque sabe que, cuando acabe, acabará mal.

Lo mejor: la historia en sí, cómo se desarrolla, y la genial manera de contarla que tiene el director, además de la fotografía.

Lo no tan bueno: la banda sonora, con una fea canción repitiéndose constantemente, y alguna subtrama (muy) innecesaria.


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